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En la Antigua Roma, las mujeres usaban una mascarilla nocturna hecha de harina de habas, huevos y grasa de lana (lanolina) para suavizar la piel y prevenir arrugas. También aplicaban sudor de gladiador (sí, sudor real ) porque creían que tenía propiedades rejuvenecedoras y afrodisíacas. ¡Definitivamente, el skincare ha evolucionado bastante desde entonces!